Que esperate en Berlin?

Viaje muy agradable……

Un frío paralelo al de Zaragoza me espera en esta hermosa ciudad. Mi hotel, algo lejano, se encuentra cerca de un aeropuerto que está llamado a desaparecer, pues se sitúa dentro del casco urbano. En una primera visión a través de los cristales de mi autobús, conozco la histórica puerta de Brandeburgo y el Reichtasg, sede del parlamento alemán. Me dirijo al museo de Pérgamo, hasta aquí se trasladaron los restos arqueológicos encontrados por los alemanes en muchas partes del mundo, la misma rapiña de otros países occidentales. Desde luego…,  tiene un gran interés.Después de cenar medio metro de salchicha y una cerveza (todo un clásico) en  Alexanderplatz, me introduzco en el U-Bahn (metro), al sentarme en una butaca, ésta se dobla y voy  a parar al suelo, todo un espectáculo… La orientación es más complicada de lo que parece: el metro, el bus, el tranvía… sus indicaciones en alemán lo dificulta todo. Debo preguntar constantemente a los viandantes; en algunas ocasiones me acompañan hasta el mismo andén donde debo tomar el siguiente metro, y eso significa desviar a mi informante de su camino original. La piel de Berlín está llena de cicatrices en forma de canales navegables por los que circulan todo tipo de barcos. Esto también contribuye a la humedad del ambiente, sobretodo si el día aparece lluvioso como hoy. El agua va acompañada de ráfagas de viento que en algún momento alcanzan velocidades de vértigo; mi escuálido paraguas de fabricación vietnamita no resiste los embates y acaba rendido en una muerte súbita.La vanguardista cúpula de vidrio del Reichstag es todo un símbolo para Berlín. Me recibe casi vacía, es todavía temprano y el clima enemigo ha dejado a los turistas en sus confortables hoteles. Una larga caminata a lo largo de un canal termina en el palacio de Charlottenburg, antiguo y lujoso hogar de los reyes prusianos.La tarjeta de transporte público, con una duración para tres días, la estoy exprimiendo al máximo. Al fin alcanzo la Postdamer Platz, aquí se encuentra lo nuevo, lo más moderno, la arquitectura atrevida representada en una bóveda laica de cristal y hierro. Atardece, y el perfil de los edificios se dibuja perfecto sobre el cielo. La iluminación y los adornos, presentes en cada rincón, nos avisan de la cercana y consumista Navidad.

Fuente:http://www.cuentatuviaje.net

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